Hay días que son interminables. Son casi las 9 de la noche y sigo con cuestiones laborales entre mis manos. Tremendo. Necesito vacaciones o al menos un poco más de tiempo para mi, para despejarme y hacer cosas que me den placer.
Después de tanto esperarlo, hoy empecé los cursos. Venia deseando ponerme a leer algo académico. Cuando te pasas un par de años entre apuntes y más apuntes te acostumbras a la rutina de la universidad pero luego te recibís y es rara la sensación de no tener que cumplir con lecturas, concurrir a clases, dar exámenes, aprender. Soy de las personas que necesita aprender constantemente para no sentirme estancado en la vida. Por ese motivo me anoté en cursos de aprendizaje a distancia. Estoy contento, agotado pero contento de seguir metiendo cosas en mi cabeza, cosas que me van a beneficiar laboralmente, que vienen a llenar espacios vacíos en el curriculum y que seguramente me aligeraran la carga en la oficina. Está bueno poder aprender cuestiones relacionadas al trabajo que estás haciendo actualmente, te hace sentir un poco más útil.
Pero yo sé, acá lo que menos importa es mi vida, todos están pendientes de las aventuras del enano pero ¿Saben qué? Si quieren leer de él que se arme un blog con sus anécdotas. No, bueno, no voy a ser extremista pero la verdad es que estoy para atrás, agotadísimo mentalmente y el petizo no ayuda. Todo termina siendo un juego para él. No sé de donde saca pilas pero lo que si sé, o al menos intuyo, donde está viviendo. Mañana, o pasado, según las fuerza de voluntad que tenga para levantarme temprano, voy a desenmascarar a ese okupa. No se equivoquen, no soy el malo en esta historia, solo persigo la verdad. Ok, tengo un poco de maldad, pero también mucho de detective.
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