Si volaba una mosca era capaz de seguirla con la mirada y hasta pararme y caminar en cunclillas buscando un poco de división o al menos algo que hacer. Hoy en la oficina no pasaba nada y como no volaba ni una mosca el duende no tuvo mejor idea que molestar al único ser viviente que tenía a mano. YO.
¿Cuántos cafés puede tomar un duende antes de que el intestino delgado le comience a fallar? Conté, si, conté cuatro cafés de taza grande a la mañana y cuatro por la tarde. Aun conservo el papel en donde se ven las rayitas que indican cada café. Voy a tratar de sacar un promedio, primero de cuanto café consume a la semana y si es posible, cuanto al mes. Y claro, después de tanta cafeína lo lógico es que el enano saltara de un lado para el otro.
Lady Gaga sonó durante UNA HORA en el break del mediodía. Opté por almorzar en la cocina pero aún habiendo cerrado la puerta podía escucharlos alaridos al son de Just Dance. ¡Jesucristo!
La hora del almuerzo pasó, me dispuse a recuperar mi laptop, aun sigo esperando que la empresa ponga una suya, y tratar de adelantar algo de trabajo atrasado. Tipear no es una buena opción cuando tenes un sujeto que no mide más de 70 cm pasando por debajo del escritorio, entre tus pies, tirandote de la chaqueta para que le prestes atención. Mientras jodia y jodia tuve oportunidad de mirarlo en detalle: ¿Será que todos los duendes se parecen a los enanos de Willy Wonka? Si, los Loompa, esos que cantaban y bailaban en la fábrica de chocolate. ¿Los gatos de Fort vendrían a ser los Loompa en el circo bizarro de la tele de la tarde? Es espeluznante, ambas dos cosas; les juro que si no es parte de la misma tribu son primo-hermanos lejanos.
Llegó un momento en que me harté, me puse firme y lo entendió. Estamos acá para trabajar, le dije pero era cierto, o relativamente cierto, no había mucho que hacer, así que después de pensar un poco improvisamos una carrera de embolsados con los sacos de cartas que teníamos, de la puerta de la oficina al ascensor. Perdí pero porque hizo trampa, se cruzó en mi camino y terminé rebotando contra la pared. Esta vez no es la rodilla o la muela sino la cabeza la que me molesta, tengo un chichón que me genera jaqueca aunque no sé si me vino del golpe o de la sola idea de que tanto el jueves como el viernes santo tengo que trabajar. ¿No será que acaso Santa es judío? Como se imaginaran no me simpatiza demasiado la idea, en cambio al duende pareció no molestarle. No tengo noción de donde está parando el enano ni que hace en su tiempo libre. Tal vez sea hora que intente trabar amistad con el petizo, no debe ser fácil estar lejos de todos sus amigos, parientes o lo que sea que tenia en el Polo Norte. Quizás un día le preparo una cena o algo ¿Tendría que esconder a Manuela? Quien me dice y los duendes son como ALF que les gustan los gatos y no para acariciarlos. Si, estoy delirando, mejor me voy a ver algo de tele. Hasta mañana.
Seguí El trabajo Soñado en
Facebook http://www.facebook.com/hernanwuest
Twitter http://twitter.com/HernanWuest
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario