sábado, 27 de marzo de 2010

Día 12 (2da parte)¿Feliz Navidad?

La primera en salir del ascensor fue la pierna derecha, es la fuerte, la que no renguea, pensé. Tomé fuerzas y salí. Todo parecía normal, mala señal. No había duende mala onda en la puerta. Rengue un poco más, como si incrementar la supuesta inflamación pudiera general mayor culpa en el que me viera ¿pero culpa a quien? Si en el pasillo no volaba una mosca. Me detuve y reflexione temeroso Sobre mi incierto futuro laboral ¿Será que el señor John está adentro? Si, ya lo veo, apoyado delante de mi escritorio, con los brazos cruzados y con cara de cola y a su lado, apoyado en su mini escritorio y con los bracitos cruzados, gesto acusador y cara de cola, el enano de jardín.

-Está despedido
-Si, si, si, Despedido por incompetente, diría el duende mientras sostiene en su cabeza el tubo del teléfono al mejor estilo Gaga en Telephone.
-Pero señor usted no entiende. Yo. El duende, la Mordida, la roilla, la noche, la guardia, operación, fractura expuesta, rengueo,
-DESPEDIDO, los dos a coro me dirían…

Si alguna vez prendieron la calefacción en verano y sintieron ese calor sofocante (me lo contaron, lo juro) van a entender como estaba transpirando y cada paso que me acercaba más y más a la puerta de la oficina D me hacia renguear más y más… y de pronto… la puerta se abre y veo a un enano, que no era el duende mala onda, salir.

-Muy buenos días, me dijo amablemente sacándose el sombrerito duenderil. Permanecí en silencio, completamente atónito. Hizo unos 10 pasos de duende, algo así como 2 pasos de persona y volviéndose hacia mi no disimuló su enojo ante mi descortés trato –Humanos, cuánto más altos más mal educados.

Si había algo peor que llegar casi dos horas tardes a la oficina era el llegar y que todo estuviera como si nada, como si absolutamente nada hubiera pasado. Empuje la puerta que estaba entre abierta y el duende estaba ahí, chocho de la vida, de espaldas y revoleando las manitos para un lado y para el otro mientras organizaba la correspondencia. Yo no entendía demasiado la situación y a decir verdad me costó un rato entenderla. Solo me quede ahí parado hasta que de repente el duende pegó un giro a lo Britney Spears en “ups, lo hice otra vez” y los dos gritamos del susto.

-¿Qué estás buscando? ¿Qué me muera de un panic atack? ¿Acaso no sabes que es la causa de muerte más común entre los duendes? Desalmado, dijo y yo no supe que contestar y caminé, olvidándome de renguear, hasta el escritorio. Abrí la laptop, agarré un par de cartas y empecé a hacer mi trabajo mientras sentía la mirada del duende clavándose como 100 cuchillos.

-El despertador, atiné a decir, el despertador que sé reinició porque cortaron la luz.
-Me debes una muñeco de torta de tía solterona. Por lo desalineado que estás hoy.
-Si, te debo una y media, dije afligido
-Ah, ¿encima te haces el gracioso? Y todo porque soy chiquitito! ¿Queres pobrar mis dientes otra vez pero en esta ocasión en un lugar más inapropiado? No, no, deja, anda a saber que estuviste haciendo anoche y si llegaste tarde capaz ni te lavaste. Sucio! Me increpó
-Si me lave!
-Ah, ¿Tuviste fiesta anoche? Dijo en un tono picaron que llegó a incomodarme
-No. ¿Podemos ponernos a trabajar? Debemos estar bastante atrasados
-Tranquilo muñeco. Tengo todo bajo control. John llamó y le dije que estabas atendiendo al tipejo de las cartas que se había retrasado.
-Gracias
-Que gracias ni gracias… ¿Sabes lo que quiero?
-Cualquier cosa menos morderme la rodilla, le dije entre bromeando y hablando totalmente enserio. El duende se tomo su sombrerito de duende con sus dos manitos peludas de duende y estrujándolo como colegiala enamorada, y en un tono timidón, como cuando mi sobrino tommy me pide que le ponga el DVD de El expreso Polar dijo…
-Lady Gaga, po´ favor

Nota: Digamos que estaba lo suficientemente cagados las patas para indagar como demonios fue que entró a la oficina si las llaves las tengo yo.

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