No sé porque ayer estaba tan agotado, m sentía un despojo humano. Supongo, tuvo que ver con la complicada primera semana de trabajo.
Cuando tuve la entrevista definitiva, esa en donde me dieron la noticia de que había sido seleccionado para el puesto, jamás me hubiera imaginado que terminaría donde estoy. El anuncio solicitaba un empleado idóneo en tareas administrativas generales. Era realmente escueto, nada explicativo, ni siquiera aclaraba cual era la empresa contratante, pero no me interesó ya que por lo general las búsquedas laborales se realizan por medio de terceros. Como sea, cuando escuché por primera vez el nombre SANTA.INC supuse que se trataba de alguna empresa del ramo religioso pero cuando llegue el primer día a la oficina me desayuné con que iba a trabajar para Santa Claus.
-¿Para Santa Claus? Pregunté risueño pensando en algún tipo de broma de bienvenida
-Si, sabemos que particularmente en esta zona del planeta se lo nombra de otro modo pero como política de la empresa decidimos unificar y llamarlo Santa o Santa Claus.
-Pero ¿Para Santa Claus? Volví a preguntar, esta vez con una mezcla de confusión, desconcierto e incredulidad
-Si, si. El que entrega regalos a los niños en navidad.
-Pero Santa no exis…
-Shhhhhhhhhhhhhhhhhhh. No diga eso, se lo ruego, y menos entre estas paredes. Usted no entiende y créame que yo comprendo ese estado en el que se encuentra actualmente y le repito, créame, con el paso de los días usted volverá a ese estado infantil en el que sentía que todo, hasta la idea descabellada de que un abuelito gordo entraba por las chimeneas cada medianoche del 24 de diciembre a dejar los regalos, era verdad.
Al escucharlo hablar con tanta seguridad me empecé a hacer la idea de que esto no era una broma, que en verdad estaba en la empresa de Santa aunque en el fondo, con todos los años que tengo encima la idea parecía completamente descabellada aun así, me quedé callado prestando atención a lo que el hombre frente a mi decía tratando de asimilar lo que oían mis oídos.
-Si, mientras llegue el 5 de cada mes y me pagan, no tengo problemas.
-Quédese tranquilo, usted volverá a creer, es mi palabra.
Lo dudo, pero bueno, si esto se trata de jugar jugaré, pensé ni bien estuve a solas en la oficina, que para ser sincero no tenia nada de “espíritu navideño”. Es una habitación de unos 10 metros cuadrados, con paredes perfectamente blancas y suelo de madera bien pulido, en donde podría ver mi reflejo si me lo propusiera (no soy tan tonto como para peinarme mirando al piso). Enfrente a la puerta de entrada esta el enorme ventanal que ocupa toda la pared, enseña las tupidas copas de los árboles de la plaza San Martín en Retiro. En el centro, al segundo día lo corrí un poco más atrás para sentir el sol pegándome tibio en la espalda, un imponente escritorio, sobre el, una lampa bastante fea (tengo que ver si puedo cambiarla), un teléfono negro, un lapicero con biromes y no mucho más. La cocina y el baño están juntas frente a la habitación donde se guardan las cartas del día ya catalogadas las cuales 10 minutos antes de la hora de salida son retiradas por un tal R. Olmedo del que aun no pude sacar una palabra y colocadas en los subsuelos del edificio de al lado.
No sé muy bien que pasa en este lugar y por eso mismo estoy escribiendo en este blog, para tratar de compartir lo que sucede en estas cuatro paredes de 9 a 17hs. Como entenderán, mi postura es “ver para creer” y no tardé ni una hora en ver, ahora solo me falta creer, o como dijo John, el sujeto de la sucursal de Minesota, Volver creer.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario